ECUADOR

El pizarron

 

Escrito por Rodrigo Oswaldo Merchan Márquez

Quito, Ecuador

Ese amanecer de un jueves de noviembre de 1988 era distinto a todos los demás. Afuera de la Misión Salesiana, en la parroquia de Zumbahua, Ecuador, el viento golpeaba con fuerza y el frío parecía congelar todo a su paso. El reloj marcaba las 3:00 am, hora de despertarse.

Mi compañero de voluntariado, Vicente y yo desayunamos y nos pusimos la ropa que más abrigaba; nos colgamos al hombro nuestras mochilas, que en su interior contenían folletos de educación popular del Instituto Radiofónico Fe y Alegría; así como cartillas didácticas de matemáticas, lengua, ciencias sociales y naturales. Nos dispusimos a recorrer los 30 kilómetros (km) de distancia que hay entre Zumbahua y la comunidad Guayama San Pedro en la parroquia de Chugchilán; la mayor parte se extiende por las tierras altas.

Aferrándonos

En nuestras manos llevábamos un pizarrón color negro por ambos lados de 1.22 metros (m) de ancho por 2 m de largo. El pizarrón lo había donado amablemente el entonces Monseñor José Mario Ruiz Navas, Obispo de la Diócesis de Latacunga.

Para las 3:30 am ya estábamos listos para dar inicio a nuestra caminata. Los guantes, calcetas y pasamontañas de lana eran imprescindibles, pues el viento soplaba con fuerza y el polvo envolvía nuestros cuerpos. Sujetábamos el pizarrón con todas nuestras fuerzas mientras caminábamos, una mano sujeta la parte superior y la otra la parte inferior. A veces Vicente tomaba la delantera, otras veces yo. Alternábamos de lado, de derecha a izquierda y volvíamos a cambiar. El único objetivo era sostenerlo bien; ninguno de los dos quería ser responsable de algún desperfecto.

Vista de Zumbahua. Adaptación del “Circuito Turístico Zumbahua Chugchilan, prov. Cotopaxi.” de Ministerio de Turismo Ecuador. Bajo Licencia CC BY-NC-SA 2.0.

Nuestra primera prueba

Pasamos por fin la primera comunidad, de nombre Pucaugsha, cuyo nombre proviene del Kichwa, una lengua indígena andina y que se puede traducir como “Paja roja”. Todos dormían, aunque algunos perros se percataron de nuestra presencia. Los perros se acercaron, nos ladraron y nos amenazaron. Ninguno de los dos soltamos el pizarrón; lo usamos como escudo, nos protegimos y poco a poco nos fuimos alejando del peligro. Los latidos del corazón volvieron a la normalidad.

Llegamos a la parte de la ruta que cruza una meseta arenosa de más de 5 km de largo que se encuentra entre la entrada a las comunidades de La Cocha, cuyo nombre significa “El lago” en Kichwa y Quilapungo (Puerta de la luna). Es en este punto en el que tuvimos que redoblar las fuerzas para sostener al pizarrón. En el campo abierto el viento arrecia con más fuerza y la arena que levantaba el aire afectaba nuestra vista.

La meseta opone resistencia

Temía yo que el pizarrón se rompiera en nuestras manos debido a la fuerza del viento y que nunca llegara a su destino final. Vicente empezó a cantar: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…” de Joan Manuel Serrat. No era la primera vez que le escuchaba cantar esta canción, especialmente cuando se encontraba de cara ante las dificultades.

El era de Guayaquil y era siete años mayor que yo. En la casa de la misión salesiana, le molestamos diciéndole que era “el mejor economista de Zumbahua… porque no había otro”.

Los picos de Illiniza. Foto “Illiniza” de alexandre. Bajo Licencia CC BY-NC-SA 2.0.

La perspectiva de largo alcance

A las 6:00 am estamos cerca de cruzar los filos de la laguna Quilotoa (Diente de la princesa) a casi 4,000 metros sobre el nivel del mar. Hacia el este, el sol empezaba a asomarse. El aire tenía una sensación a limpio, el cielo era azul, el frío congelaba el alma. Divisamos los Illinizas, dos picos nevados hermanos de más de 5,100 m de altura. Según nos cuentan los lugareños, “en unos 30 años ya no tendrán nieve; el calentamiento los dejará solo en rocas”. En retrospectiva, queda claro lo mucho de lo que ese cambio ha tenido lugar.

Estábamos solos, cuidando el pizarrón, lo que para entonces se sentía como muchas cosas al mismo tiempo: un amuleto, un tesoro, un buen propósito, y quizá incluso dolor y penitencia ¿de objetivo de esta atrevida travesía?, en fin, nos encontramos a mitad de camino y con el pizarrón en nuestras manos agotadas y entumecidas.

El momento que temíamos

Al cruzar el risco arenoso más altos de la laguna, que yace encima del cráter de un volcán durmiente y de 250 m de profundidad, una ráfaga de viento repentina nos despoja de nuestro preciado bien, como si fuera una servilleta de papel. El pizarrón cayó ladera abajo y desapareció de nuestra vista, No pude apartar la mirada, ni siquiera para admirar las aguas color turquesa de la laguna. Vi a Vicente dejar caer la mochila y correr tras el pizarrón. Sin pensarlo siquiera, lo seguí.

¿Acaso no hubiera hecho lo mismo Dante de Alighieri si el infierno lo hubiera despojado de su Divina Comedia? ¿Acaso Ulises no hubiera reaccionado igual si algo amenazaba con separarlo de su amada Penélope? ¿Acaso el águila no se lanzaría al vacío con toda su fuerza al descubrir a su aguilucho descender por el espacio impidiendo su muerte?

Después de veinte y cinco minutos de caídas, tropezones, resbalones, y de correr, por fin alcanzamos al pizarrón. Por suerte, no había llegado al agua, de lo contrario, esta historia hubiera tenido un triste final.

Laguna Quilotoa. Adaptación de “Quilotoa” de simon_berger. Bajo Licencia CC BY-NC-SA 2.0.

Cuesta arriba otra vez

Empezamos a escalar cuesta arriba. Batallamos contra el pasto, las ramas, los arbustos, la arena y el cansancio. Después de una hora y media, casi sin aliento, llegamos al lugar en dónde habíamos dejado nuestras mochilas. Proseguimos entonces con nuestro camino.

Reanudamos el último tirón hacia Guayama San Pedro, ocho kilómetros corriente abajo por las faldas arenosas del volcán. En esta ocasión cargamos el pizarrón en horizontal para reducir el riesgo de cualquier otra usurpación de la madre naturaleza; cargarlo de esa forma fue más difícil, pues la cuesta del páramo está llena de arbustos.

Las pendientes ante la laguna de Quilotoa. Adaptación de “Quilotoa -> Chugchilán” de Ramblurr. Bajo Licencia CC BY-NC-SA 2.0.

Finalmente, Guayama San Pedro

De acuerdo con nuestros planes, deberíamos de haber llegado ahí a las 8:00 am para dar inicio a las clases en el Jatari Unancha, el primer colegio creado en toda la zona de Zumbahua y Chugchilán. Su propósito era apoyar a los docentes bilingües de las escuelas de la localidad, pues la mayoría de ellos sólo había terminado la educación primaria. La visión era que los maestros puedan culminar su preparación secundaria y luego entrar a la universidad y profesionalizarse. Años después, ese sueño se ha convertido en una realidad.

Veinte estudiantes indígenas nos esperaban, en su mayoría hombres, con solo dos mujeres. Según nuestros cálculos, nuestra llegada se retrasaría tres horas. Para Vicente y para mí, llegar tarde significaba faltarnos el respeto a nosotros mismos, y posiblemente, a los demás.

Un lugar para aprender

Llegamos a Guayama San Pedro poco antes de las 11:00 am, allí nos esperaban nuestros estudiantes; uno de ellos dijo: “sabíamos que vendrían”; al vernos con el pizarrón en hombros, todos vinieron a nuestro encuentro, lo tomaron en sus manos y en sus hombros, dejaron deslizar sus dedos sobre sus ásperos filos, lo acariciaron y como si fuese el mejor trofeo del mundo lo colocamos en una de las paredes del aula de clase.

A partir de ese jueves de noviembre de 1988, Vicente y yo, ya no tendríamos que escribir sobre la arena con un palo para que los estudiantes comprendieran las lecciones. El pizarrón estaba colgado contra la pared del aula, y con él llegó una sensación de permanencia. Después del viento, el frío, y el largo camino detrás de nosotros, el aprendizaje finalmente tenía un lugar para quedarse.

Foto de archivo del autor, tomada en la misión salesiana en Zumbahua, Ecuador

Lo que perdura

Un padre de familia al ver el pizarrón colocado sobre la pared exclamó “¡ahora sí!… nuestros hijos van a poder aprender… ya no es como antes”.

Años después, otros padres dirían las mismas palabras cuando encontraban nuevas herramientas: conexiones a internet, pizarrones virtuales, inteligencia artificial. Cada generación, al enfrentarse a una nueva posibilidad, cree que el aprendizaje será por fin más accesible.

Y quizá tengan razón, por lo menos en parte. Lo que es una constante no es la herramienta misma, sino la esperanza de que nuestros niños tengan más oportunidades que nosotros.

Traducción de ProZ Pro Bono

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Mountain trail winding through the highlands of the Andes in Ecuador, surrounded by dry grass, rugged peaks, and dramatic cloud cover.
Crater lake surrounded by steep Andean mountains and lush highland vegetation under a cloudy sky, likely depicting Quilotoa in Ecuador.
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Recursos matemáticos

Ejemplos de problemas:

  1. El autor y Vicente no solo transportaron un pizarrón sino también mochilas llenas de guías didácticas. Si cada mochila llevaba material para cuatro materias, y cada materia requería tres guías, ¿cuántas guías contenía cada mochila? Si ambos voluntarios llevaba cuatro mochilas con el mismo número, ¿cuántas llevaban en total?
  2. La pareja comenzó a caminar a las 3:30 am y llegó poco antes de las 11:00 am. Suponiendo que llegaron a las 10:50 am. ¿Cuánto tiempo tardó en viaje en horas y minutos? Si la distancia total fue de 30 km, ¿cuál fue su velocidad promedio en kilómetros por hora?
  3. La laguna Quilotoa se encuentra a casi 4,000 m sobre el nivel del mar, mientras que los picos Illinizas se elevan a más de 5,100 m. ¿Cuál es la diferencia entre los picos Illinizas en comparación con la laguna Quilotoa? Si una escuela se localiza a 2800 m sobre el nivel del mar, ¿cuántos metros más abajo se encuentra con respecto a la laguna?
  4. El pizarrón medía 1.22 m de ancho y 2 m de largo. ¿Cuál es el área del pizarrón en metros cuadrados? Si el salón de clases mide 5 m de ancho, ¿cuál es la fracción del ancho de la pared que cubre el pizarrón?
  5. Veinte estudiantes estaban esperando cuando llegaron los voluntarios. Solo dos eran mujeres, ¿qué fracción de los estudiantes eran mujeres?, ¿cuál el porcentaje?
Preguntas de justicia social

En esta historia, las lecciones en Guayama San Pedro se escribieron algunas veces en la arena con un palo. Dos voluntarios llevaron a cuestas 30 km un pizarrón hasta la escuela.

  1. ¿Por qué crees que sentían que valía la pena el esfuerzo? ¿En que se diferencia escribir en un pizarrón en comparación con el escribir en la arena, y cómo afectarían estas diferencias lo que los estudiantes pueden aprender o recordar
  2. ¿Con qué herramientas cuentan los estudiantes en donde vives, y qué herramientas son más difíciles de obtener en otras comunidades? ¿De qué manera podrían estas diferencias alterar con el tiempo las oportunidades de los estudiantes?
Explorar más

Muchos de estos recursos están en inglés. Por favor envíanos otros que encuentres en español.

  1. Información acerca de la organización Fe y Alegría
  2. Perspectiva general de Cotopaxi National Park
  3. Datos científicos sobre las erupciones del volcán Quilotoa
  4. Introducción a Zumbahua
  5. Mapa en el que se muestra en donde concluye la historia
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